Alpe d´ Huez: el gran teatro ciclista

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Muchas veces historias de éxito nacen con sonoros fracasos, y la primera vez que el ciclismo pisó las indómitas colinas que conducían al Alpe d´ Huez la historia no fue un cuento de éxito.

Fausto Coppi, en 1952, fue el primer maestro de Alpe d´ Huez. Él es el primer nombre de las 21 revueltas y él es el pionero de la subida “franquicia” del Tour de Francia. En 1952 Coppi era Dios, el Dios del ciclismo y de un país que se recomponía de la durísima contienda mundial al rebufo de sus grandes ciclistas.

Coppi había ganado el Giro y aterrizaba en el Tour con la declarada intención de renovar los laureles de tres años antes. Ese Tour incluía un peculiaridad, la primera llegada en alto de la historia de la carrera, amenizada por grandes montañas, pero siempre con las metas en el valle, allí donde la logística, imaginaros en aquella época, permitía montar y recoger con el tiempo exacto para irse con los trastos a otro lado.

Alpe d´ Huez era el sitio y nadie supo situarlo en el mapa. Coppi lo pondría.

En la jornada clave, el filo alambre lombardo no dilató mucho la espera. Se puso al frente y empezó a subir “un poco más rápido que el resto”. Sorteó las primeras rampas y supo que Jean Robic no le seguía porque dejó de oír se quejoso respirar.

Increíble.

¿Imagináis hoy, en el anfiteatro más grande y populoso del mundo, poder oír el quejido de tu rival?

Coppi fue el pionero de Alpe d´ Huez, un modesto dominio esquiable que entonces, como se indica en el libro “La pasión de Coppi”, entonces sólo tenía un hotel en la cima. Su nombre era el “Christina” y la gente de Coppi pidió una habitación en a parte trasera para evitar al campeonísimo las jaranas de los tifossi en la puerta del establecimiento.

Volviendo al inicio, la primera vez que Alpe d´ Huez entró en el mapa del Tour, la historia no fue un cuento, más bien todo lo contrario. Coppi ascendió solo, casi en familia, con un puñado de aficionados en cada curva, ambientando un ambiente desolador en lo humano aunque tremendo en lo natural.

La jornada de 266 kilómetros había sido temeraria, tanto que todo quedó reducido a esos trece kilómetros finales. Jacques Goddet, el capo del Tour que iba como un explorador africano, admitió que esa dureza mezclada con la intimidación de Coppi habían frenado cualquier ambición en el pelotón. Total, que subir hasta allá arriba para eso, no compensaba.

Fue tal el grado de desencanto que Alpe d´ Huez no volvió al Tour hasta 1976, casi un cuarto de siglo después y un ambiente muy diferente: las llegadas en alto se había extendido en el mapa lo mismo que los finales en estaciones de esquí.

Ahí estaba: Alpe d´ Huez. Trece kilómetros y ochocientos metros, salida desde 723 metros y llegada a 1850, una pendiente media por debajo del ocho por ciento caracterizada por su homogeneidad y tránsito veloz de las curvas, y un máximo de un catorce.

 

La leyenda holandesa

En el 1976 el Tour volvió con una etapa de dimensiones casi prehistóricas, con más de 250 kilómetros desde Divonne-les-Bains y un subida anterior, el Col du Luitel.

Otra animalada de etapa que merecía un ganador acorde a la ocasión y lo que se vio fue un memorable mano a mano entre Lucien Van Impe y Joop Zoetemelk, solos casi desde abajo, codo con codo en paralelo y sufriendo hasta la misma línea de meta, en esa recta en la que el neerlandés se impuso a su rival belga, que acabaría ganado el Tour de ese año.

Van Impe, como Coppi, salió de amarillo en Alpe d´Huez, poniendo antecedentes a eso que se dice de los ganadores finales y el monte alpino. Pocas veces falló esa matemática, entre otras el año 1987, cuando Pedro Delgado cogió el amarillo en la cima y lo perdió días después frente a Stephen Roche, en la crono de Dijon. Ese día al amarillo de Perico, se añadió la victoria en solitario de Fede Etxabe, con Iban Mayo en 2003 y Carlos Sastre en 2008, los tres españoles en ganar en la cima más preciada.

Una cima que tuvo color holandés muchos años pues aquí la sucesión de nombres del planísimo país bañado, e inundado por el Mar del Norte, se extendió varios años_ Hennie Kuipedr dos veces, Zoetemelk, otra más, Peter Winnen, también un par de ovaciones, Steven Rooks y Gert-Jan Theunisse, el largo, melenudo y misterioso escalador del PDM.

Con Gianni Bugno, ganando al sprint a Lemond en el 90, se abrió un ciclo italiano que puso al propio Bugno, más Roberto Conti, Guiseppe Guerini y dos veces Marco Pantani, sello transalpino a la relación de ganadores.

Las victorias francesas no han sido abundantes pero sí usuales en los tiempos recientes con un tridente de triunfos de Pierre Rolland. Christophe Riblon, el año que se ascendió dos veces porque luego se bajó a Le Bourg d´Oisans por la vecina La Sarenne, y Thibaut Pinot.

Estos tres triunfos acompañaron el primero francés, el de Bernard Hinault, que en 1986 tuvo en el teatro alpino su despedida ganando la etapa cogido de la mano de Greg Lemond y claudicando ante el americano, más joven, más fuerte y más todo.

 

Por Iván Vega, desde el Cuaderno de JoanSeguidor

 

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